Epidemia de disbiosis: los efectos de alterar la flora intestinal

21
Mayo

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Nuestro estilo de vida provoca que cada vez más personas se quejen de problemas digestivos y cansancio. Es lo que se conoce como disbiosis y puede revertirse cuidando la flora intestinal mediante la dieta, tomando probióticos naturales.

Artículo original https://www.alimente.elconfidencial.com/bienestar/2018-05-21/disbiosis-m...

En 2016, el periodista y divulgador británico Ed Yong publicó un libro que fascinó por completo a personalidades de la talla de Bill Gates y que, desde luego, tiene la virtud de transformar la forma de mirar el mundo de quienes lo leen. Se trata de ‘Yo contengo multitudes. Los microbios que nos habitan y una visión más amplia de la vida’ (Editorial Debate, 2017), un texto en el que Yong afirma, por ejemplo, que algunos problemas de salud se consideran ‘ecológicos’ desde que se ha podido comprender que están íntimamente ligados a las características del ecosistema microbiano que puebla nuestro intestino delgado, que, a su vez, alberga al menos el 70% de nuestro sistema inmunológico.

Hablamos de enfermedades como la obesidad, la diabetes, el asma, las alergias, la artritis reumatoide, la fibromialgia, el párkinson, la esclerosis múltiple o el cáncer de colon, por citar tan solo algunas, todas ellas cada vez más frecuentes en los países desarrollados. A algunas, como la obesidad y la diabetes, ya se les otorgaba una relación indiscutible con los malos hábitos dietéticos, pero otras, como el asma o la esclerosis múltiple, han tenido que esperar a que el estudio del microbioma humano —y, más en concreto, de la microbiota intestinal— empezase a arrojar una nueva luz sobre la forma en que la ciencia contempla el binomio salud-enfermedad. Un binomio que, ahora lo sabemos, está mediado por los millones y millones de ‘bichitos’ que no solo nos pueblan sino que, en gran medida a través de los alimentos que ingerimos, juegan un papel decisivo en el complejísimo entramado de genes, órganos, sistemas y funciones que somos todos y cada uno de nosotros.

Un papel crucial en la salud

El pasado 10 de mayo, el Observatorio de Tendencias de Medicina Personalizada de Precisión, promovido por la Fundación Instituto Roche, presentó el primero de sus informes 'Anticipando', que tienen como objetivo “traer al presente la medicina del futuro”, y que se ha dedicado al microbioma, lo que nos da a entender la importancia que se concede a su interacción con nuestro organismo, que es tan personal que incluso nos define. En palabras de Ed Yong: “El genoma del lector es en gran parte el mismo que el mío, pero nuestros microbiomas pueden ser muy diferentes. Tal vez sea menos cierto decir que yo ‘albergo’ multitudes que decir que yo ‘soy’ esas multitudes”.

Con los cambios en la microbiota, la comunidad microbiana comienza a atacarnos, haciendo que enfermemos

La microbiota intestinal está compuesta por una gran variedad de cepas de multitud de familias de bacterias —se cree que al menos un millar— y otros microorganismos, con sus correspondientes genes y metabolitos, que establecen una relación simbiótica, de apoyo mutuo, con su anfitrión. Aunque los seres humanos compartimos buena parte de esos tipos de microorganismos, cada uno de nosotros alberga una combinación única, tanto cuantitativa como cualitativamente. Cuando esta combinación se ve alterada, fundamentalmente por la mala alimentación, el abuso o el mal uso de antibióticos, el estrés, el sedentarismo, los hábitos tóxicos y la contaminación medioambiental, se producen cambios en la composición de la microbiota, empobreciéndola, por lo que se rompe el equilibrio y la comunidad microbiana empieza a atacar a su anfitrión, enfermándolo. Este fenómeno se conoce como disbiosis.

Bacterias intestinales.

“La microbiota es un mediador que contribuye al funcionamiento del cuerpo humano digiriendo los nutrientes y activando señales que produce el intestino a diferentes órganos. Una función fundamental de estas bacterias es que ayudan a aislarnos del medio externo para que no entren toxinas en nuestro organismo, haciendo que nuestro intestino sea menos permeable a sustancias tóxicas que se relacionan con enfermedades metabólicas, autoinmunes, neurodegenerativas y psicológicas”, explicó el Dr. Francisco Tinahones, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, durante el 59º Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que se celebró en octubre de 2017.

Una visión holística: somos lo que comemos

La creencia en la relación entre sistema inmunológico y alimentación no es nueva. Un ejemplo claro de ello es la tradicional ‘prescripción’ de zumo de naranja —es decir, vitamina C, de gran poder antioxidante— para prevenir los resfriados. Tampoco es nueva la convicción de que los distintos sistemas orgánicos están profundamente imbricados, la idea principal de la psiconeuroinmunología, término acuñado en 1975 por el psicólogo Robert Ader y el inmunólogo Nicholas Cohen para la disciplina que estudia la relación mente-cuerpo y sus aplicaciones clínicas.

La dieta es crucial para mantener una población microbiana funcional que trabaje en simbiosis con nuestro organismo

Sin embargo, ha sido el estudio del microbioma, cuya importancia es tal que lo podríamos considerar el primer gran descubrimiento científico del siglo XXI, el hito que ha podido convertir en oficial, por fin, la visión holística de la salud humana, de la que la medicina se había ido alejando progresivamente. Y con ella hemos regresado, una vez más, a la mítica frase que acuñara el filósofo, antropólogo y biólogo alemán Ludwig Feuerbach allá por el año 1850: “Somos lo que comemos”.

En el número inaugural de los informes 'Anticipando' de la Fundación Instituto Roche, se hace hincapié en esta idea, ya que se reconoce no solo el papel de la alimentación en la salud, sino que se afirma que “el microbioma, como característica única de cada individuo, permitiría realizar estrategias de estratificación y planes terapéuticos, dietéticos y de estilo de vida personalizados”.

La 'epidemia de disbiosis'

Aunque todos los factores antes citados influyen en la composición de la microbiota intestinal, no cabe duda de que la dieta es crucial para mantener una población microbiana funcional que trabaje en simbiosis con nuestro organismo. Lamentablemente, sin embargo, nuestro estilo de vida favorece la disbiosis, lo que podría ser uno de los factores que impulsan la creciente prevalencia de enfermedades y trastornos no solo gastrointestinales, cáncer de colon incluido, sino autoinmunes, neurológicos y mentales, como hemos visto, aunque sea difícil determinar qué viene antes, el huevo o la gallina.

 

Amil López Viéitez, nutricionista, farmacéutica e impulsora de la 'dieta coherente', explica que “los genes pueden marcar nuestra propensión a sufrir una determinada patología, pero una buena alimentación, acompañada de un estilo de vida sano, puede protegernos e impedir que lleguemos a desarrollarla. De la misma manera, una flora intestinal alterada podría producir modificaciones en el genoma y provocar que una persona que no estaba genéticamente predispuesta hacia una enfermedad termine por padecerla”.

Cada vez más personas se quejan de malestar intestinal, hinchazón abdominal, gases, diarrea y/o estreñimiento, halitosis...

El estilo de vida actual está produciendo lo que podríamos llamar una ‘epidemia de disbiosis’, ya que cada vez son más las personas que se quejan de malestar intestinal, hinchazón abdominal, gases, diarrea y/o estreñimiento, halitosis, cansancio, etc. Cuando acuden a la consulta de un nutricionista, ya suelen encontrarse bastante mal y, con frecuencia, han llevado dietas bajas en fibra y excesivamente ricas en hidratos de carbono refinados, proteínas de baja calidad nutricional, como las carnes procesadas propias de la ‘comida basura’, y grasas trans, como el ya famoso aceite de palma.

No obstante, hay una buena noticia: la disbiosis se puede revertir modificando los hábitos dietéticos y el estilo de vida. “Lo habitual es pautar una dieta depurativa, que elimina los lácteos y los cereales refinados durante un mínimo de dos semanas, con frecuencia uno o dos meses, y que consiste en alimentarse de frutas, verduras y hortalizas de temporada, legumbres, frutos secos, semillas, germinados, ......  A menudo, recomiendo un tratamiento con probióticos ­—especialmente distintas cepas de las familias Lactobacillus y Bifidobacterium— y glutamina, un aminoácido, tanto para regenerar la flora como para combatir el cansancio y el decaimiento que genera la disbiosis, que disminuye la producción de serotonina, el neurotransmisor que se encarga de regular el estado de ánimo, por lo que no es extraño que también produzca síntomas depresivos”, concluye Amil López Viéitez.

Lista de Alimentos probióticos para incluir en tu Dieta Diaria

Vamos a detallar los alimentos con probióticos más comunes. El orden que se va a seguir es de más a menos corriente, o más díficil de encontrar en la dieta occidental.

Yogurt de soja

¿Sabías que hay 100 millones de bacterias en un yogurt?

Pero no sólo eso, el yogur es una fuente de proteína de calidad que ayudan a mantener el control del apetito y aporta péptidos de pequeño tamaño que regulan la tensión y pueden tener cierta acción contra la resistencia a la insulina. Aporta calcio y libre de lactosa.

Es muy importante que tomemos yogur natural, sin azúcar ni edulcorantes añadidos.

Aceitunas y encurtidos

¡Sí, las aceitunas, pepinillos y demás encurtidos en vinagre son una fuente de probióticos!

Cuando ponemos estos vegetales en salmorra y acidificamos ligeramente con vinagre aparecen levaduras y bacterias lácteas que mejoran sus propiedades nutricionales (eliminan el amargor y hacen más blanda la textura de la piel).

Estos microorganismos quedan fuertemente adheridos a la piel de los vegetales y en suspensión en la salmorra. Su número no es gigantesco como en el yogur, pero no es despreciable y, además, son otras especies, con lo que aumentamos la biodiversidad intestinal y van acompañadas de una fuente prebiótica, el vegetal. ¡Estos alimentos con probióticos son increíbles!

En este caso tenemos que tener cuidado con el aporte de sal, que puede ser elevado. También hay que tener en cuenta que muchas preparaciones industriales llevan muchos aditivos no deseables. Y lo más importante, si queremos beneficiarnos de su poder probiótico, tenemos que asegurarnos que sean artesanas, ya que las industriales sufren procesos térmicos de conservación demasiado fuertes que prácticamente destruyen todos los microorganismos.

El kéfir de agua

 

El kéfir de agua tiene un contenido mayor de microorganismos por ml que el yogur. Además, al ser prácticamente agua con microorganismos su absorción y acción es inmediata ya que no se invierten recursos metabólicos en digerir proteínas ni grasas lácteas, como sí ocurre en el yogur o en el kéfir de leche.

Es un probiótico alimento -bebida- saludable apto para veganos, vegetarianos, personas con sensiblidades alimentarias (lactosa, celíacos) y personas que siguen dietas específicas como la paleolítica o evolutiva. Aunque cada vez el kéfir de agua es una bebida más conocida, es aún un alimento muy minoritario dado que hasta hace muy poco no se encontraba comercialmente.

Sauerkraut o col fermentada

 

El sauerkraut o col fermentada podría haberlo incluido con los encurtidos. De hecho se elabora del mismo modo, con salmuera. Lo he puesto aparte porque normalmente no hay que tener cuidado, casi siempre es crudo, no pasteurizado, con lo que nos aseguramos que sus microorganismos están vivos.

Tampoco es tan común en España como las aceitunas o encurtidos. Aunque en Estados Unidos y especialmente en Alemania y países aledaños sí es un alimento muy consumido. También es un gran prebiótico, con lo que combinamos la acción prebiótica-probiótica. Es apto para veganos, seguro que no hay ningún vegetariano o vegano que no consuma col fermentada, aunque a la población en general no le suene mucho.

Alimentos orientales, miso y tempeh

El tempeh es otra forma de soja fermentada, en ese caso similar en textura y apariencia a un queso fresco. Se puede ahumar, freír, hacer a la plancha. Da mucho juego en cocina y es muy apreciado como fuente proteíca por veganos y vegetarianos.

El miso es una pasta de habas de soja y arroz fermentada mayoritariamente por Lactobacillus acidophylus. Es un condimento muy usado en la cocina asiática, siendo aquí lo más famoso la sopa de miso.

Pero tenemos que tener en cuenta que la cocción a elevada temperatura reducirán o eliminarán por completo su poder probiótico.

Kombucha

La kombucha y el kvass son dos bebidas fermentadas probióticas. Ya se puede encontrar kombucha comercial, antes sólo quedaba hacérsela en casa. De hecho, cada día hay más artesanos haciéndola. Su sabor tiende a recordar al vinagre.

 

 

 

Fuentes

 

El confidencial

https://prokeydrinks.com/lista-alimentos-probioticos/